Las cuatro y diez
Fue en ese cine, ¿te acuerdas?
en una mañana al este de Edén,
James Dean tiraba piedras
a una casa blanca, entonces te besé.
Aquélla fue la primera vez,
tus labios parecían de papel,
y a la salida en la puerta
nos pidió un triste inspector nuestros carnets.
Luego volví a la academia
para no faltar a clase de francés,
tú me esperaste hora y media
en esta misma mesa, yo me retrasé.
¿Quieres helado de fresa
o prefieres que te pida ya el café?
Cuéntame como te encuentras,
aunque sé que me responderás: muy bien.
James Dean tiraba piedras
a una casa blanca, entonces te besé.
Aquélla fue la primera vez,
tus labios parecían de papel,
y a la salida en la puerta
nos pidió un triste inspector nuestros carnets.
Luego volví a la academia
para no faltar a clase de francés,
tú me esperaste hora y media
en esta misma mesa, yo me retrasé.
¿Quieres helado de fresa
o prefieres que te pida ya el café?
Cuéntame como te encuentras,
aunque sé que me responderás: muy bien.
Ten, esta foto es muy fea,
el más pequeño acababa de nacer.
Oiga, me trae la cuenta,
calla, que fui yo quien te invitó a comer.
No te demores, no sea
que no llegues a la hora al almacén;
llámame el día que puedas,
date prisa que ya son las cuatro y diez.
L. Eduardo Aute.
el más pequeño acababa de nacer.
Oiga, me trae la cuenta,
calla, que fui yo quien te invitó a comer.
No te demores, no sea
que no llegues a la hora al almacén;
llámame el día que puedas,
date prisa que ya son las cuatro y diez.
L. Eduardo Aute.
La emoción a flor de piel se condensa en esta escena que describe la canción (la pizca de unas vidas) de un reencuentro, fácil de imaginar. La evidencia flotando en el aire de lo que pudo ser y no fue. Y quizás el disimulo discreto para ocultar el desencanto que produce la realidad
Cuando la escucho, siempre termino pensando en que la nostalgia no
deja ver otro sentimiento y de haberlo,
¿cuál sería exactamente?, de tristeza o alegría.
Y sin querer, o queriendo, me viene a la memoria
una escena (que no hay que imaginar) de la magnífica
película
“Esplendor en la hierba”, cuando -Natalie Wood- después de
recuperarse de su trastorno mental por culpa del amor, se empeña en ir a visitar
a su antiguo novio, -Warren Beaty- ahora
convertido en granjero, casado , con un hijo y esperando otro, nada que ver con el que hacía tiempo ella vivió una
controvertida e intensa historia de amor.
El encuentro, desconcertante por lo
inesperado, y en el fondo y en la superficie la decepción y la tristeza, aquí , también disimulada por los dos para
darle algo de naturalidad al momento.
Algo que había que hacer, para poder seguir
viviendo aunque sólo sea con el recuerdo de la juventud ya perdida
Entonces
se comprende perfectamente lo que dice la
parte del poema que se escucha en un momento de la película:
![]() |
“Aunque mis ojos
ya no pueden ver ese puro destello,
que en mi juventud me deslumbraba;
aunque ya nada pueda devolver
la hora del esplendor en la hierba,
de la gloria de las flores,
no hay que afligirse
porque la belleza siempre subsiste en el recuerdo”…
(Willian Wordswort)
(Willian Wordswort)
Momentos intensos de la vida que se repiten una y otra vez, lo único que cambia son los protagonistas.
P. Merino.
Pintura de Edward Hopper.
Fotograma de Esplendor en la hierba, Internet.
P. Merino.
Pintura de Edward Hopper.
Fotograma de Esplendor en la hierba, Internet.


