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viernes, 2 de enero de 2015

La puñetera niebla


Llegando...

 Es difícil saber, -me suele  pasar- si voy o si vuelvo. Esa idea que una tiene de que las cosas son circunstanciales,  sólo para un rato. Y vengo, pero tengo que volver, a lo circunstancial, y sé que tendré que venir más veces porque de momento soy como  una pasajera constante con equipaje en dos estaciones.  Hoy me recibe la niebla tan familiar en esta época del año,  que desde el tren, no   deja ver los pinares que acompañan al viajero hasta llegar a la ciudad,  esa ciudad que no deja de ofrecrme   cosas nuevas que desconozco, y me invita constantemente a reencontrarme con las conocidas. Una sensación extraña de no estar nunca en el lugar que debiera o quisiera, según. 


...a  Pucela

                             

Hoy tengo a quien echarle la culpa; es la puñetera niebla que  emborrona las cosas  por dentro y por fuera. 


Purificación.

martes, 4 de junio de 2013

Crónica de un viaje exprés y una maleta

Sucedió el miércoles pasado, un grupo de amigas y compañeras, querían estrenar el AVE, haciendo un viaje de ida y vuelta en el día, empezaron a buscar a que sitio ir, hasta que surgió Valladolid.
- Si,  si, las animé, está muy bien y no se tarda casi nada.
 -Pues podías venirte tú y así nos haces de guía. 
-Yo, no tengo pensado ir, todavía, ya veré.  Y lo vi. (No me pude negar todas saben que soy de allí).
Miércoles; a las nueve de la mañana ya estábamos en Chamartín, el grupo en cuestión, ocho en total.  Como era ir y volver en el día,  todas ligeras de equipaje menos yo que decidí  aprovechar la ocasión para quedarme hasta el domingo.  Para ir más libre pensé dejar la maleta en la consigna de la estación  hasta  que  ya de vuelta de hacer la visita, la recogería y ellas se volverían  en el tren de las  19,30.  Todo bien, salvo un pequeño detalle, la consigna estaba cerrada. Así es que  con maleta incluida, empezamos la visita.
Desde la Estación al Paseo de Recoletos, Plaza de  Zorrilla, Calle de Santiago, Plaza Mayor, Catedral, Universidad, La Iglesia de la Antigua, Palacio de los Vivero, Museo Nacional de Escultura, -motivo principal de la visita-, ¡suerte!  aquí  si tienen consigna  para dejar la maleta, con lo cual hice la visita tranquila y como Dios manda, allí sobre todo. Previa recogida de la maleta, salimos de allí y vamos a San Benito, Patio Herreriano, plaza del Poniente, unas fotos con Rosa Chacel (la pobre siempre esperando). Nos acercamos a la Rosaleda, sin rosas todavía, una pena. Y ya puestas nos asomamos al Pisuerga, es natural “aprovechando que pasaba por allí mismo”. Hacemos un alto para comer cerca de la Plaza Mayor, la suerte nos pone delante un letrero que dice "los miércoles cocido". Adentro. Estaba buenísimo.


 Ni que decir tiene que las compis se turnaron cuando les empecé a dar pena tirando de la puñeteramaleta. El día no pudo ser más desagradable y cuando estábamos dentro del Palacio de  Santa Cruz viendo una exposición sobre la cultura de  África, empezó a diluviar. Allí la maleta se quedó en la entrada de la sala a la vista de la cuidadora porque me dio no se qué  entrar con ella, aparte del ruidito que hacía en el cuidado suelo de madera,  la pobre  se podía  asustar con los señores llenos de plumas y lanzas que allí  se exhiben  en absoluta  penumbra. 
Y  sin dejar de llover ya de vuelta  hacia la estación, pasamos, sin entrar, porque estaba cerrado,  por la otra, casa de Cervantes. 

Domingo;  nueve de la mañana, de vuelta a Chamartín. Calle de la Estación, ni un alma por la calle,  perdón, el único alma que había en la calle venía justo hacia mi,  y yo, desconfiada por naturaleza no le quito el ojo de encima y por si acaso vigilo sus movimientos. Cuando ya le tuve cerca: hombre joven, descuidado, con una mochila mugrienta y un envoltorio que podía ser el colchón de dormir en cualquier sitio, me miró fijamente con una expresión de indiferencia  y desdén, así como… “te perdono la vida porque estoy cansado, que si no". Eso traducido al instante por mi,  es igual a: me da un porrazo, caigo para atrás y del golpe  casi me rompo la “crisma” y ya en el suelo por la rayita de luz que me queda antes de llegar al  todo negro,  veo como me arranca el bolso y se lleva la  puñeteramaleta.

Empieza a moverse el tren, en el alero que queda por encima de mi cabeza,  cómodamente instalada, con las ruedas muy perjudicadas, pero hartita de cultura,  -ella-,  aprovecha para  echarse una  "minisiesta", esto es el AVE, querida.


Puri Merino.
Fotos: P. Merino.

viernes, 10 de agosto de 2012

Maneras de vivir


                                 
Imagen: Internet


                El que viaja a menudo en los trenes de cercanías lo sabe; entre estación y estación,  escenas  que se repiten todos los días varias  veces, y en el mismo viaje con  distintas personas, como si fuera un “reality” improvisado.  Personas que se dedican a pedir limosna con la mayor rapidez posible para no ser pillados por los de  seguridad. Primero reparten por cada asiento del vagón un objeto de poco valor, manoseado y sin lustre y que quede a la vista del viajero,  paquetes de pañuelos, encendedores de plástico, llaveros etc. Desde el medio del vagón cuentan deprisa  y con el mayor dramatismo posible, por qué necesitan pedir.
              Las historias son variadas, tragedias en sí, distintas pero con  finales muy parecidos, “señores perdonen las molestias, gracias por su ayuda y que pasen un buen día” después y siempre con prisa recorren de nuevo el vagón recogiendo el objeto que la mayoría ni siquiera ha mirado, y rara vez lo acompaña una moneda a cambio.
             Hay otras formas de hacerlo, por ejemplo; los que con un instrumento musical llegan se plantan en el centro del vagón y con mejor o peor acierto cantan, tocan o las dos cosas a la vez. Entonces lo improvisado es un  “festival”, y el resultado es casi siempre agradable, a veces, (pocas) se hace el silencio y  la canción certera   atrapa la atención de  los espectadores casuales.
          Cuando terminan, igual que todos, recorren el vagón con agilidad  y sólo extienden la mano si alguien les quiere dar una moneda. Aquí el público viajero suele ser más generoso, por que el efímero obsequio que dejaron a cambio, ya no lo pueden recuperar.  Esto hace más ameno el viaje, es  bastante más  grato escuchar una canción que  miserias personales, aunque también las haya en la vida del cantor.
Yo  pagué por la canción (miserablemente, la verdad) y el obsequio lo  traigo aquí, por si les suena de algo.


                “Te regalo una rosa. La encontré en el camino. No sé si está desnuda. O tiene un solo vestido. No, no lo sé.
                Si la riega en verano o se embriaga de olvido, si alguna vez fue amada o tiene amores escondidos, ay, ayayay amor…”       



“No les quiero molestar más, gracias por la atención y que pasen un buen día”

  P. Merino


domingo, 29 de julio de 2012

¡Ay! Pucela

       La Historia a mí manera

      Siempre que vuelvo me emociono un poco, cada vez menos, cada vez de forma  diferente.
     Quedó atrás  la urgencia de ir como mucho una vez al mes. Después con los niños se fueron espaciando las visitas, hasta que se quedó como obligatoria y sagrada la de las  Navidades que todavía no se ha roto, aunque ya somos menos, y allí también.
      Esta semana pasada estuve en Valladolid y he caído en la cuenta de que nunca he ido para hacer turismo,  que me limito a ir a los sitios fijos donde vive  la familia.  Procuro ir más a menudo, eso si,  ya que no tengo que preparar más que mi maleta, y las ciencias adelantan que es una barbaridad;  tardo casi lo mismo de Alcalá a Chamartín que de Chamartín a Pucela.

Estación  de ferrocarril Campo Grande.  foto: Internet

Basta salir de tu ciudad e ir  a otro sitio a vivir  y empiezas a  conocerla mejor a través de los demás;  y te vas enterando, porque prestas más atención,  de porqué es famosa, qué tiene que hay que ver sin disculpas Y a mí que no me gusta presumir de nada…
      -Que es dónde se habla mejor el castellano. Bueno
      -Que tiene el Museo más importante de Escultura en  Madera Policromada. Vale
      -Que fue capital de España en el S. XVI.  Pues qué bien.
      -Y que allí nació Felipe II, lo de la ventana,* eso siempre me hizo gracia, y yo lo explicaba como si hubiera estado allí.
      -Que allí vivió Cervantes, y hay una casa muy chula que se la atribuyen a él. Seguro
      -Que su Universidad es de las más antiguas de España. Muy interesante, no digan.
      -Y la Semana Santa, ¡por Dios que no se me olvide! De las más interesantes y de importancia por su arte y sobriedad como todas las de Castilla. Hace mucho que no la veo, pero he pasado todo el frío del mundo cuando era obligatorio hacerlo, con un primaveral traje de chaqueta, porque era la costumbre, (según  palabra de madre). Hasta que un día decides que le vas a dejar el sitio a alguien que no lo haya visto nunca. A lo mejor es el momento de hacerlo otra vez,  pero tanto tiempo de pie, no sé, no sé.

 ¡Ah! y por qué Pucela:
      “Dicen, se cuenta, que en el S.XV unos cuantos caballeros vallisoletanos fueron con sus huestes a Francia  a luchar al lado de Juana de Arco en contra de los ingleses. A Juana, la conocían como la Doncella de Orleans. En francés doncella se dice “pucelle” y en el castellano de entonces era parecido a pucela. Al terminar la guerra (de los Cien Años) los caballeros volvieron a Valladolid y empezaron a contar las azañas” (normal) “y todo lo sucedido con la pucela de Orleans. A partir de entonces empezaron a llamarles pucelanos y de ahí el epónimo de Pucela”. ¡Pero! no hay documentación que avale lo de los caballeros. Así es que vaya usted a saber, de la historia lo más interesante son las anécdotas. Hay alguna versión más, pero a mí me gusta esta.


A la izquuierda la Iglesia de San Pablo, a la derecha el  Palacio Pimentel,  donde nació Felipe II.
 Foto Internet
         *Lo de la ventana: Cuenta la leyenda  que para bautizar a Felipe II le sacaron por una ventana del palacio en vez de por la puerta como  es lógico. El asunto era, que de salir por la puerta le correspondía la Parroquia de San Martín, más de plebeyos. Era de más categoría la Iglesia de San Pablo (dónde va a parar), que daba a la calle donde estaban las ventanas. Pues al niño se le saca por la ventana y punto. Para tapar el hueco pusieron unas cadenas, y así tener que explicarlo durante siglos.
      Ya se hacía; tú pones  las normas  que ya nos las saltaremos  y más si es por un Príncipe que estaba llamado a ser rey de medio mundo. Que un día se le ocurrió hacer El Escorial y nos dejó todo a medias. Pucela hecha unos zorros por los siglos de los siglos. Amén.

     Como pueden suponer Valladolid es mucho más, y más serio que todo esto, yo les animo a que la visiten.
     No tengo fotos hechas por mí, ¡que ya es! No me acostumbro a ir de fotógrafa.

   P. Merino.




martes, 27 de marzo de 2012



VIAJE A GRANADA

                           Fotos: P. Merino
         “Quiero vivir en Granada
          solamente por oír
          las campanas de la vela
               cuando me voy a dormir”…

            (Hace mucho tiempo que conozco esta canción)

            Y por fin descubrí Granada. Y en la Alhambra he visto la torre de la vela, la más alta de todas las que allí hay, y la campana que según la copla,  escuchaban  para ir a dormir.
             Aunque las cosas y los sitios estén desde hace mucho tiempo (en este caso siglos) parece que no existen hasta que no los conoce uno mismo.
            Decir  Granada, es decir Alhambra, Generalife, Albaicín, Sacromonte… pero sobre todo “Alhambra” (Palacio Rojo)
            No quiero perderme entre fechas y nombres, dinastías, épocas, construcciones, conquistas, reconquistas, reformas, añadidos, abandono… el abandono que ya denuncia Washington Irving cuando en 1829 viaja hasta allí para inspirarse en su libro “Cuentos de la Alhambra”, que leí hace tiempo y al que he recurrido ahora para confirmarlo. Dicen que el gobernador le cedió unas habitaciones y existe una placa que lo recuerda.
            “Es Irving quién nos da a conocer el olvido, la negligencia patente en el palacio, cuya arquitectura nazarita se había visto alterada, con pretensiones de enriquecimiento por reyes cristianos e invasores napoleónicos, y que se conservaba sin más custodia que la de una anciana guardesa, una guarnición inactiva y unos habitantes empobrecidos”. Y es cuando se conoce el libro cuando se empiezan a interesar por La Alhambra.
            Y aparte de todo lo dicho, quisiera resaltar la emoción de estar en este sitio que por fin existe (para mí). Maravilloso todo el conjunto, los palacios, las estancias con esas ventanas misteriosas al contraluz que dejan ver el paisaje,  las casitas blancas que pueblan el Albaicín, recortándolo con forma ojival. Los espléndidos techos de madera que parecieran esculpidos por ángeles, por la altura, en tiempos adornados con estrellas de plata, y que  después  fueron desapareciendo  como muchas otros cosas. Parece que la altura no era tanta.
            Los jardines rodeados con esa planta que la da nombre al patio más famoso y fotografiado  “Patio de  Arrayanes”, el del estanque - espejo donde se mira el palacio creando una doble imagen encantada para impresionar a los embajadores que esperaban a ser recibidos por el sultán reinante. Imagen maravillosa ahora un poco más difícil de contemplar por tantos visitantes que sólo quieren hacer fotos y fotos, igual que yo.  A pesar de eso, la magia existe si puedes abstraerte unos minutos y contemplar  sin pensar en nada, y no reparar en  los que vienen por detrás  ni al grupo  de alemanes que van delante, lentos… a piñón fijo.

             El arte, que se recrea por todos los sitios te hace estar alerta porque en cualquier rincón hay algo que admirar. El Patio de los Leones,  recién incorporados a su espacio habitual después del largo proceso de recuperación. Los arcos que lo rodean causan la misma admiración  que  las primorosas labores  de encaje  realizadas por expertas manos de mujeres, y que hay  que reconocer a la paciencia , el gusto y el amor por la belleza de los árabes.
            El Palacio que mandó construir Carlos I,  para que su esposa estuviera mejor acomodada (y que no se terminó),  cuando lo veía en fotos me parecía que no encajaba en el conjunto, ahora, sin quitar el valor que por sí solo tiene, me sigue  pareciendo un poco  “parche”, con perdón de los entendidos.
                 
            Un poco más arriba de la montaña, el Generalife;  lugar de más emociones, más palacios, más ventanas por las que ver y no ser visto, más fuentes susurradoras que empiezan o terminan bajo los arcos de verdes setos sombríos, para que el agua tenga más  frescor. Y una curiosa “escalera del agua”, con  regatillos para discurrir  por lo que sería los pasamanos. El agua siempre tan presente e importante para gentes que vinieron  del desierto. Las piedras y el agua  compañeros inseparables
            Y desde allí otro regalo, la vista espectacular de  La Alhambra asentada en la montaña y más abajo Granada, la mora, la cristiana, la bella, la deseada.
              De la que dijo el poeta:

                 “Granada, ninguna ciudad se te asemeja
                   Ni en Egipto, ni en Siria, ni en Irak,
                   Tú eres la novia
                   Y esos países son tu dote”.

 (León el Africano, Amin Maalouf)
 Libro que  cuenta  en parte, la vida de los vencidos, los reconquistados.


 Viaje a Granada  con mis compañeros de tercer año de Humanidades  de la Universidad de Mayores. Universidad de Alcalá de Henares.                                    

 Puri.