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lunes, 16 de septiembre de 2013

YO, UN BIZCOCHO



Es un problema cuando un bizcocho como yo (me llaman el del "yogurt")  nace con tantas dudas existenciales.
¿Qué número haré yo, cuántos habrán  salido de las mismas manos, y del mismo horno, y de la misma imaginación, y les colocaron  en esta misma mesa?
No sé si los otros, los anteriores,  se cabrearon tanto como yo  cada vez que una cara enorme se asoma  por la ventanilla para ver si crezco adecuadamente. Fui algo lento, lo reconozco, pero no por mi culpa, un poco de levadura se quedó en un doblez del sobre y me costó lo que nadie sabe subir y subir hasta conseguir este aspecto apetitoso y saludable, que tengo.  Tanto, que mi amorosa manipuladora,  después de exclamar ¡pero que  bonito! fue y ¡zas! me  hizo una foto. 
Pero estaba mucho más en forma,  hasta que me clavaron una larga aguja hasta el corazón, para hacerme la prueba del nueve en cocción, que según dicen, asegura  que ya estás  bueno para que te coman. Y ahí,  en ese mismo momento, tengo que reconocer que me desinflé un poco.
Pues nada,  aquí estoy  en la bandeja  de los bizcochos esperando poder "compartir" unos cuantos desayunos rápidos y alguna  que otra merienda agradable, menos el último trozo, porque una vez perdida mi buena presencia y mi tacto mollar, empezará a rodar por los rincones hasta que   alguien por pura pena me hará miguitas en un café con leche. 
Soy casero, sencillo y nada pretencioso,  y sería  fabuloso si alguien se pusiera a llorar por que  mi olor le rcuerde a toda su infancia, y encontrara de golpe todo "su tiempo perdido".




  
 La que lleva  "esto", dice que no va a dar explicaciones de  como se me hace porque  todo el mundo lo sabe, si ella lo dice...  también dice  que estoy muy bueno.

Un bizcocho 


Puri.
Fotos, propias