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viernes, 4 de abril de 2014

Recordando a Octavio Paz






Madrugada

Rápidas manos frías
retiran una a una
las vendas  de la sombra
Abro los ojos
todavía
estoy vivo
en el centro
de una herida todavía fresca.

Octavio Paz 

Imagen: Dibujo a pastel de Sally Strand                                                                     

miércoles, 5 de febrero de 2014

¡Oh! el poema 15

Temuco, Chile
Temuco, Chile

"Siempre me han preguntado cuál es la mujer de los  "Veinte poemas", pregunta difícil de contestar. Las dos o tres que se entrelazan en esta melancólica y ardiente poesía corresponden, digamos, a Marisol y a Marisombra. Marisol es el idilio de la provincia encantada con inmensas estrellas nocturnas y ojos oscuros como el cielo mojado de Temuco. Ella figura con su  alegría  y su vivaz belleza en casi todas las páginas, rodeada por las aguas del puerto y por la media luna sobre las montañas. Marisombra es la estudiante de la capital. Boina  gris, y ojos suavísimos, el constante olor a madresela del errante amor estudiantil, el sosiego físico de los apasionados encuentros en los escondrijos de la urbe."
Confieso que he vivido.  P. Neruda

Poema 15
ME gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

P.Neruda

John Singer Sargent  (acuarela)

¡Oh! el  poema 15.     (Divagaciones)
De "Veinte poemas de amor y una canción deseperada", se podría decir que el poema 15 es el representante de todo el libro, y no porque sea el mejor en calidad literaria, que pudiera ser, -no soy quien para juzgar- si no porque es el más repetido, a veces un poco al tun-tun. Y pasa que alguien diga "me gustas cuando callas porque estás como ausente" y seguidamente otro le conteste; "y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca", más que nada para demostrar que lo conoce, que lo sabe.
Pero leyéndolo pausadamente aunque sea por enésima vez, el poema 15 es verdaderamente bello, a mi siempre me lo pareció, y entonces decidí que era mi preferido. La particularidad de que los distinga con números, provoca que al hablar  del libro yo siempre dijera, !el quince! lo es todo el poema en sí, y sobre todo en los versos finales, es como quitarse un gran peso de encima,  la alegría de que no sea cierto, que no esté muerta, que  sólo está callada. Actitud  preferida por el autor que  la amada sea silenciosa,  y parece previsible que todo lo sublime de su amor se derrumbaría  si a ella se le ocurriera pronunciar una palabra.  
Todo el poema es un homenaje al silencio, expresar los sentimientos  sin decirlos, "y mi voz no te toca" palabras intensas pero leves como caricias al llegar a su destino,  dardos de amor sólo de plumas  que habrá que interpretar a base de  miradas. 
Demasiadas divagaciones para mí, creo que los análisis exhaustivos a los poemas les restan casi toda la magia, y que es mejor dejarse llevar.
Del libro siempre recordaré  lo que me impactó  el quince, aunque el tiempo cambia en parte las ideas. Refiriéndose a este poema una vez  escuché de  forma jocosa,  a este señor le gustaban mudas, y yo asentí. 

Purificación.
(Colaboración para el Club de Lectura de La Acequia, de Pedro Ojeda Escudero.)

Fotos: Internet

martes, 5 de noviembre de 2013

Paréntesis



Objetos perdidos

Por veredas de sueños y habitaciones sordas

tus rendidos veranos me acechan con sus cantos.
Una cifra vigilante y sigilosa
va por los arrabales  llamándome y llamándome
pero qué falta dime; en la tarjeta diminuta
donde están tu nombre y tu calle y tu desvelo
si la cifra se mezcla con las letras del sueño
si solamente estás donde ya no te busco.

Julio Cortázar.


Mendoza, Argentina 1944
Foto: Internet.

sábado, 9 de junio de 2012

Y si se equivoca el camino


                              
imagen Internet


      El otro Lorca, el surrealista, el atormentado con lo que sus ojos debieron ver allí,  todo tan diferente, tan extraño y a la vez tan conmovedor. Consigue el efecto de un círculo vicioso fascinante con este poema, pequeño e infinito. 




 PEQUEÑO POEMA INFINITO

Equivocar el camino
es llegar a la nieve
y llegar a la nieve
es pacer durante veinte siglos las hierbas de los cementerios.

Equivocar el camino
es llegar a la mujer,
la mujer que no teme la luz,
la mujer que mata dos gallos en un segundo,
y luz que no teme a los gallos
y los gallos que no saben cantar sobre la nieve.

Pero si la nieve se equivoca de corazón
puede llegar el viento Austro
y como el aire no hace caso de los gemidos
tendremos que pacer otra vez las hierbas de los cementerios.

Yo vi dos dolorosas espigas de cera
que enterraban un paisaje de volcanes
y vi dos niños locos que empujaban llorando las pupilas de un asesino.

Pero el dos no ha sido nunca un número
porque es una angustia y su sombra,
porque es la guitarra donde el amor se desespera,
porque es la demostración de otro infinito que no es suyo
y es las murallas del muerto
y el castigo de la nueva resurrección sin finales.

Los muertos odian el número dos,
pero el número dos adormece a las mujeres
y como la mujer teme la luz
la luz tiembla delante de los gallos
y los gallos sólo saben volar sobre la nieve
tendremos que pacer sin descanso las hierbas de los cementerios.


Federico García Lorca
 1930. Nueva York        (Poeta en Nueva York)