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jueves, 18 de abril de 2013

LAS PALABRAS "okupas"


                                                   
      Las palabras que están en los libros, están porque el autor lo decide así; las coloca de una de las muchas maneras que se podrían colocar. Y después de mucho pensar, poner, quitar y sufrir corrigiendo hasta la exasperación, dejarlas  plasmadas en el libro para siempre. Luego, esperan pacientemente que alguien abra el libro y pose su mirada sobre ellas, las palabras,  y   sentir la calidez  de unas manos, que  con el dedo índice señalen el párrafo preferido. 
 Pero a veces las palabras no esperan a que alguien las busque, y  (por la acertada iniciativa  de alguien), se liberan de las apreturas del libro cerrado para ver si  el interés de lo que cuentan, suscitan por lo menos  curiosidad,   como le sucedió al viajero  despistado que   prestó toda su atención al papel embutido en plástico que estaba pegado en la ventana del autobús,  por distraerse nada más.

Hay en el lenguaje vulgar frases afortunadas que nacen en buena hora y que se derraman por toda la nación, así como se propagan hasta los términos de un estanque las ondas producidas por la caída de una piedra en medio del agua". El viajero, lector ocasional,  quedó tan gratamente sorprendido  que quiso seguir hasta el final.
“Cae una palabra de los labios de un orador en un pequeño círculo, y un gran pueblo ansioso de palabras la recoge, la pasa de boca en boca, y con la rapidez de un golpe eléctrico un crecido número de máquinas vivientes la repite y la consagra, las más de las veces sin entenderla y siempre sin calcular, que una palabra sola es, a veces, palanca suficiente a levantar  muchedumbre inflamar los ánimos y causar en las cosas una revolución” …
Entre asombrado y agradecido, el viajero busca el nombre del autor, aunque con ello pierde la ocasión de bajarse en su parada.
En este país. Firmado: "Fígaro" 

- Artículos -  de  Mariano José de Larra;
  


Más de un siglo y medio después de que Mariano José de Larra, escribiera estas palabras, hay quien todavía hoy las descubre por primera vez, y por casualidad, en la ventana de un autobús.
 P. Merino.
Imagen: Internet