jueves, 16 de enero de 2014

Por qué... (Poema 10)

Los lamentos del enamorado  pidiéndole cuentas   al corazón con las eternas preguntas, cuando  los recuerdos abruman y exigen volver a lo hermoso del pasado. 
Después del tiempo, se conforma con imaginar, que  amable y complaciente  ella accede a darle unas sencillas  y  algo superficiales respuestas. 




Poema 10

Hemos perdido aun este crepúsculo.

Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.
-El mundo sigue, aunque nuestras manos ya no lleguen a tocarse.
He visto desde mi ventana
la fiesta del poniente en los cerros  lejanos.

A veces como una moneda

se encendía un pedazo de sol entre mis manos.
-A veces las ventanas caprichosas
 confunden los anhelos con paisajes
 y  los centavos de amor con juegos malabares.

Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces.

Entonces, dónde estabas?
Entre qué gentes?
Diciendo qué palabras?
-Tú me contagiaste la tristeza  que me alejó de ti.
Y anduve sola sin saber por dónde ni con quién hablaba.

Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?
-Presiento en la distancia, que  recuerdas
 los momentos sagrados  que vivimos.
  Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo,
y como un perro herido rodó a mis pies mi capa.
-Que las penas al caer arrasan con todo
 de forma silenciosa.

Siempre, siempre te alejas en las tardes
hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.
-Entérate, amor;
Me fui hace muchas tardes, noches y mañanas, 
para que   me recuerdes  como a ti te gusta;
alegre,  hermosa, y muy distante,  como cuando "estoy callada".




...La mujer de Veinte poemas, está en la distancia, se disuelve en  unas colinas lejanas, es de viento, de humo, es el zumbido de una abeja, abeja blanca, para colmo, y siempre se desplaza, emigra hacia un lugar irreal: "hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas" ...
(Prólogo de Jorge Edwards,  1991)

Purificación.

Pintura: Degas
Imágenes : Internet

Colaboración con el Club de Lectura, de La Acequia, de Pedro Ojeda Escudero.

martes, 7 de enero de 2014

Poema 6

"...La poesía de sus veinte años, sin embargo, con su ingenuidad, con su vacilación, con su "olor a madreselva", con la teatralidad de su "desesperación", sigue siendo interesante. A la vuelta de un poema, de una estrofa, a pesar de la simplicidad de la rima aparecen versos memorables. "Pura heredera del día destruido", escribe el joven lector de Quevedo..."

Jorge Edwards. (1991)










 " Boina gris, voz de pájaro y corazón de casa"




   Poema 6

 "Te recuerdo como eras en el último otoño.
 Eras la boina gris y el corazón en calma.
 En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo.
 Y las hojas caían en el agua de tu alma..."


"...Siento viajar tus ojos  y es distante el otoño: 
 boina gris, voz de pájaro  y corazón de casa
 hacia donde emigraban  mis profundos anhelos 
 y caían mis besos alegres como brasas..."



 "...Los Veinte poemas de amor y una canción desesperada son un libro doloroso  y pastoril que contiene mis más atormentadas pasiones adolescentes, mezcladas con la naturaleza arrolladora del sur de mi patria. Es un libro que amo porque a pesar de su aguda melancolía está presente en él el goce por la existencia. Me ayudaron a escribirlo un río y su desembocadura: el río Imperial. Los "Veinte poemas" son el romance  de Santiago, con  las calles estudiantiles, la universidad y el olor a madreselva del amor compartido."
  
Pablo Neruda. "Confieso que he vivido"

(Es  inevitable para mi tener que consultar los dos libros a la vez, porque uno me llevó al otro, gracias al prólogo que Jorge Edwards, amigo del poeta, hace de "Veinte poemas..." y en el que cuenta muchas de sus vivencias juntos,  haciendo referencia una y otra vez al  libro de sus memorias, "Confieso..."  y al que con rendida admiración me referí en una entrada anterior).

Purificación.
Fotos: Internet, y P. M.

 Colaboración para el Club de Lectura de La Acequia, de Pedro Ojeda Escudero.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Cuento de corral

No es un cuento de Navidad aunque lo pudiera parecer, pero aprovecho para dedicárselo a todos los que me visitan, y desearles con cariño unas   ¡Felices Fiestas!.

No es la primera vez que Benito, que es casi un crío, se levanta temprano para ir a la ciudad. Aproximadamente una vez al mes ha de llevar unos cuantos animales (esta vez dos pollos) para venderlos en el mercado cuando las provisiones familiares empiezan a escasear.
            Y tampoco es la primera vez que obedece la orden de su padre de mala gana. Él se ocupa de los animales, y sucede que se encariña con ellos, en cuanto  les pone nombre.
            -No se puede hablar con alguien todos los días si no tiene nombre, -dice Benito-, aunque tenga plumas.
            “Carol”, una hermosa gallina robusta, pechugona y de patas fuertes señal de ser buena ponedora, y “Roque” un apuesto gallo de gran cresta y bonitas plumas de colores, del marrón oscuro al rojo sangre, y la garganta más clara y ruidosa del gallinero, eran los elegidos esta vez para el sacrificio. Los dos tenían en común sus ojos, unos círculos diminutos como pildoritas brillantes y en constante movimiento, que miran al muchacho con curiosidad y extrañeza al notar el espacio reducido de la jaula donde están desde hace un rato para hacer el viaje.



            Y qué  puede hacer Benito si no lamentarse en silencio, -la vida es así- le decía su padre. De no venderlos,  pensaba, hasta se alegraría… pero sólo a medias.
            Por el camino se preguntaba quién se los compraría y hacía verdaderos esfuerzos para no imaginárselos en el punto final; en una bonita bandeja con muchos adornos comestibles alrededor y untados de pringosas salsas, en el centro de una gran mesa y quién sabe si acompañados de algún que otro animal de su linaje; un pato a la naranja, un cochinillo asado con una manzana en la boca o unas perdices escabechadas del día anterior. Y sentados a la mesa, personas muy elegantes esperando para empezar el festín.
            Los pensamientos le hicieron más corto el camino y sin darse cuenta se plantó en la alegre y ruidosa ciudad. La gente entraba y salía de las tiendas con prisas y se apañaban para no tropezar  con los montones de nieve acumulados en las aceras. En casi todos los escaparates había carteles donde se leía:

            “Se prohíbe vender toda clase de animales de corral. 
            Peligro de contagio por una peste desconocida”.

            Benito se quedó ensimismado mirando el cartel, y hasta que no le llegaron los mocos a la boca  no se dio cuenta de que estaba llorando,  aunque no sabía exactamente por qué.

Purificación.   
(Publicado por primera vez en el blog amigo: TALAVÁN TALAVÁN CUENTA).  
     
Imagen Internet                                                                           

sábado, 14 de diciembre de 2013

Un tesoro, las palabras


Enseguida pensé en la estantería, en la mente ya le tenía completamente ubicado y sólo tuve que alargar la mano  y sacarle del letargo de mucho tiempo. Su aspecto siempre me pareció elegante, encuadernado en color azul oscuro, el título en  dorado y  con letras blancas algo abstractas,  su firma. 
Una buena temporada estuvo en la mesita de noche, al ser una biografía  tenía libertad para no llevar el orden de los capítulos y repetir los pasajes que me gustaban. Era  otro  descubrimiento  para mí vida lectora y me tenía encantada después  que alguien me regaló los "Veinte poemas de amor..."  Empecé a pasar las  hojas  deprisa, escudriñándolas deseosa de encontrar el párrafo, el párrafo sin duda, más conocido de todo el libro y que en su momento me llamó tanto la atención, y... allí estaba la punta doblada de la página 58, que me corroboró que era así, que era la página que leí más de una vez.
La urgencia se debía al tema de la clase del otro día -Historia de América Latina-, cuando el profesor en un momento dado preguntó al aire; y por qué no hablan el maya, o el guaraní, el aymara, el quechua, o cualquier otra de sus lenguas  y se quedaron con el español? Dando a entender que todo no fue tan malo como se ha dicho  y escrito.  ¿Porque se vieron obligados?, pensé yo, -sería lo más creíble-, o que con el tiempo se dieron cuenta   que era más práctico ante  tantas lenguas nativas, poder entenderse todos con una sola. Yo estaba todavía en que que tuvo que ser horrible,  conquista o  descubrimiento,  como se  quiera llamar. Para ellos una invasión sin más. 

Cuatro siglos después yo todavía me consideraba heredera de los invasores y a éllos los  invadidos, hasta que Neruda  se enamoró del lenguaje, de las palabras  que nos fuimos dejando por allí, con la indiferencia  de algo que nos sobra, sin darle la importancia debida. Para él,  la herramienta  perfecta  con que hacer sus filigranas, y perdonarnos a su manera todo lo demás. 
Ahora  la gratitud es doble, por el perdón y por las joyas literarias que de rebote recibimos y entendemos perfectamente.



La palabra
"...Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció… Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras".

La palabra”, Confieso que he vivido, Pablo Neruda

(1974) 


Aclaración,  por si fuera necesario:  Aunque no tenga mucha relevancia, es cierto lo que escribí más  arriba.  Y quise utilizarlo como introducción,  aunque en verdad  es la  excusa, que no haría falta,  para traer aquí las maravillosas y conocidas  palabras de 
-Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto-, Pablo Neruda, contenidas en este  interesantísimo libro póstumo de  memorias de su  intensa  y apasionada vida. 

Purificación.


jueves, 14 de noviembre de 2013

Equilibrio


Para llorar:
Es imposible no darse cuenta de  que  los momentos  que vivimos son bastante preocupantes,  que seguimos con los sapos para el desayuno imposibles de tragar aunque los mezclemos con los cereales para hacerlos comestibles.
Hace tiempo que se hace insoportable ver las noticias en las que  sólo se habla de los corruptos que se multiplican como las setas, cual  virus misterioso que  lleva el aire por todas las comunidades de este país, España, y que parece afectar "preferentemente" a los que nos gobiernan, unido a esta mala racha que llaman crisis, con todo lo que conlleva y que  conocemos   bien, por  casos cercanos, integrantes de esa cifra  apabullante de muchos ceros y de sólo cuatro letras  -p-a-r-o-, asunto muy    preocupante  y que nos  pone de muy mala uva. 
Son tantas las cosas  por las que hay que protestar, tantas las cosas mal hechas,  que la mayoría nos  quedamos bloqueados sin saber, por donde empezar,  y  qué se adelanta  con ello, aparte de sentir un desahogo momentáneo, muy momentáneo.  “Seguiremos luchando,  y sueño, quiero seguir soñando y que mis hijos también puedan soñar” es  el momento  alentador  del día, el ejemplo a seguir;  son las declaraciones de un trabajador  francés, detallando su aventura de la lucha ganada a la  empresa en  que trabaja.
Después de tratar de escupir sin éxito el sapo  correspondiente, -se puede aplicar a cualquier día-,  y para buscar un poco de equilibrio,  cambio de tema para  que no todo sea sufrir  por esto  que ya dura demasiado tiempo. 




Para soñar:
 Pusimos lo más imprescindible en las mochilas y sin contar con nadie nos fuimos a vivir a un ático que nos proporcionó un amigo. Entusiasmados por la aventura, no apreciamos que la casa era muy pequeña,  y que le faltaba  casi de todo. Pero no nos importó; dedicamos mucho tiempo a mirar el cielo  por el ventanuco que daba al tejado,  y de vez en cuando nos ocupábamos  de lo secundario,  buscar en el montón de  ropa lo que nos queríamos poner y que nunca encontrábamos, o elaborar los bocadillos   escasos que nos servían de segundo alimento.
Vivíamos creyendo que sólo con empinarnos un poco tocaríamos la luna con los dedos,  no hacíamos  planes, en nuestro estado de atolondramiento temporal, aceptamos que el presente, nada más, podía ser nuestro, el mañana era  la lejanaeternidad.
Los amigos nos envidiaban y de vez en cuando subían a nuestro palomar, para robarnos una porción de independencia,   consistía  en charlar, reír, bailar, soñar y comer y beber de lo que éllos traían, y  después de mirarnos con envidia poco disimulada,  pasar revista al cielo, cuando el cansancio nos dejaba a todos tumbados por el suelo.
 Hasta que un día  el dueño del piso  nos dio a entender  que el presente se había agotado y que había que salir zumbando de allí, para darnos  de bruces con   el porvenir, lejanaeternidad.
Fue un momento crucial tener  que decidir, si buscar otra atalaya para seguir nuestra aventura, o rendirnos y repartir los trozos de cielo y las píldoras de libertad que guardábamos en las mochilas  y volver otra vez a  vivir sin contar las estrellas.

Purificación
Fotos: P.M. e Internet

martes, 5 de noviembre de 2013

Paréntesis



Objetos perdidos

Por veredas de sueños y habitaciones sordas

tus rendidos veranos me acechan con sus cantos.
Una cifra vigilante y sigilosa
va por los arrabales  llamándome y llamándome
pero qué falta dime; en la tarjeta diminuta
donde están tu nombre y tu calle y tu desvelo
si la cifra se mezcla con las letras del sueño
si solamente estás donde ya no te busco.

Julio Cortázar.


Mendoza, Argentina 1944
Foto: Internet.