miércoles, 5 de febrero de 2014

¡Oh! el poema 15

Temuco, Chile
Temuco, Chile

"Siempre me han preguntado cuál es la mujer de los  "Veinte poemas", pregunta difícil de contestar. Las dos o tres que se entrelazan en esta melancólica y ardiente poesía corresponden, digamos, a Marisol y a Marisombra. Marisol es el idilio de la provincia encantada con inmensas estrellas nocturnas y ojos oscuros como el cielo mojado de Temuco. Ella figura con su  alegría  y su vivaz belleza en casi todas las páginas, rodeada por las aguas del puerto y por la media luna sobre las montañas. Marisombra es la estudiante de la capital. Boina  gris, y ojos suavísimos, el constante olor a madresela del errante amor estudiantil, el sosiego físico de los apasionados encuentros en los escondrijos de la urbe."
Confieso que he vivido.  P. Neruda

Poema 15
ME gustas cuando callas porque estás como ausente,
y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca.
Parece que los ojos se te hubieran volado
y parece que un beso te cerrara la boca.
Como todas las cosas están llenas de mi alma
emerges de las cosas, llena del alma mía.
Mariposa de sueño, te pareces a mi alma,
y te pareces a la palabra melancolía.
Me gustas cuando callas y estás como distante.
Y estás como quejándote, mariposa en arrullo.
Y me oyes desde lejos, y mi voz no te alcanza:
déjame que me calle con el silencio tuyo.
Déjame que te hable también con tu silencio
claro como una lámpara, simple como un anillo.
Eres como la noche, callada y constelada.
Tu silencio es de estrella, tan lejano y sencillo.
Me gustas cuando callas porque estás como ausente.
Distante y dolorosa como si hubieras muerto.
Una palabra entonces, una sonrisa bastan.
Y estoy alegre, alegre de que no sea cierto.

P.Neruda

John Singer Sargent  (acuarela)

¡Oh! el  poema 15.     (Divagaciones)
De "Veinte poemas de amor y una canción deseperada", se podría decir que el poema 15 es el representante de todo el libro, y no porque sea el mejor en calidad literaria, que pudiera ser, -no soy quien para juzgar- si no porque es el más repetido, a veces un poco al tun-tun. Y pasa que alguien diga "me gustas cuando callas porque estás como ausente" y seguidamente otro le conteste; "y me oyes desde lejos, y mi voz no te toca", más que nada para demostrar que lo conoce, que lo sabe.
Pero leyéndolo pausadamente aunque sea por enésima vez, el poema 15 es verdaderamente bello, a mi siempre me lo pareció, y entonces decidí que era mi preferido. La particularidad de que los distinga con números, provoca que al hablar  del libro yo siempre dijera, !el quince! lo es todo el poema en sí, y sobre todo en los versos finales, es como quitarse un gran peso de encima,  la alegría de que no sea cierto, que no esté muerta, que  sólo está callada. Actitud  preferida por el autor que  la amada sea silenciosa,  y parece previsible que todo lo sublime de su amor se derrumbaría  si a ella se le ocurriera pronunciar una palabra.  
Todo el poema es un homenaje al silencio, expresar los sentimientos  sin decirlos, "y mi voz no te toca" palabras intensas pero leves como caricias al llegar a su destino,  dardos de amor sólo de plumas  que habrá que interpretar a base de  miradas. 
Demasiadas divagaciones para mí, creo que los análisis exhaustivos a los poemas les restan casi toda la magia, y que es mejor dejarse llevar.
Del libro siempre recordaré  lo que me impactó  el quince, aunque el tiempo cambia en parte las ideas. Refiriéndose a este poema una vez  escuché de  forma jocosa,  a este señor le gustaban mudas, y yo asentí. 

Purificación.
(Colaboración para el Club de Lectura de La Acequia, de Pedro Ojeda Escudero.)

Fotos: Internet

jueves, 30 de enero de 2014

Las manos


 Ahora son manos nerviosas, que se quejan de dolores, pero sobre todo de nostalgia por todo lo que hicieron  y  ya no pueden. Perteneciendo a una mujer luchadora incansable, y dando respuestas a la vida cuando fue dura con ella, y la suerte le volvió la espalda en el momento crucial de formar una familia.



Innumerables son las funciones que desarrollaron en tiempos hostiles  y las situaciones a las que se vieron sometidas pero nunca se cansaron ni la dejaron tirada. Dos manos que sirvieron para levantar un mundo, sin  palanca alguna, sólo con la fuerza de su voluntad.  Voluntad que fue mucha y después de tantos años todavía le sobra. Ahora  le acompañan cuando habla y  habla  para contar todo lo que recuerda, las  historias propias, textos de los  libros de la escuela, o extensos poemas, entonados  con claridad y expresados  con los  gestos adecuados y precisos de  las manos,  haciéndolas hablar, como las grandes actrices.
En los largos tiempos de ociosidad, descansan encima de la falda, o se buscan para estar  entrelazadas un rato, y de paso  comprobar que ninguna de las dos hace algo que la otra no sepa. Echan  de menos muchas cosas que no hacen,  ahora que el tiempo es largo y pesa, por ejemplo; sujetar y pasar las hojas de un libro,  porque la vista ya no acompaña,    
Manos  cansadas,  gastadas, como dos envoltorios frágiles y delicados con las   señales  de  toda una vida,  pero  llenas de intenciones,   de cosas por hacer.  Manos torpes y algo lentas,  pero no vencidas.

Foto: Las manos de la Abuela;  dentro de dos días celebrarán los muchos años que llevan juntas. 
Purificación.

jueves, 16 de enero de 2014

Por qué... (Poema 10)

Los lamentos del enamorado  pidiéndole cuentas   al corazón con las eternas preguntas, cuando  los recuerdos abruman y exigen volver a lo hermoso del pasado. 
Después del tiempo, se conforma con imaginar, que  amable y complaciente  ella accede a darle unas sencillas  y  algo superficiales respuestas. 




Poema 10

Hemos perdido aun este crepúsculo.

Nadie nos vio esta tarde con las manos unidas
mientras la noche azul caía sobre el mundo.
-El mundo sigue, aunque nuestras manos ya no lleguen a tocarse.
He visto desde mi ventana
la fiesta del poniente en los cerros  lejanos.

A veces como una moneda

se encendía un pedazo de sol entre mis manos.
-A veces las ventanas caprichosas
 confunden los anhelos con paisajes
 y  los centavos de amor con juegos malabares.

Yo te recordaba con el alma apretada
de esa tristeza que tú me conoces.

Entonces, dónde estabas?
Entre qué gentes?
Diciendo qué palabras?
-Tú me contagiaste la tristeza  que me alejó de ti.
Y anduve sola sin saber por dónde ni con quién hablaba.

Por qué se me vendrá todo el amor de golpe
cuando me siento triste, y te siento lejana?
-Presiento en la distancia, que  recuerdas
 los momentos sagrados  que vivimos.
  Cayó el libro que siempre se toma en el crepúsculo,
y como un perro herido rodó a mis pies mi capa.
-Que las penas al caer arrasan con todo
 de forma silenciosa.

Siempre, siempre te alejas en las tardes
hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas.
-Entérate, amor;
Me fui hace muchas tardes, noches y mañanas, 
para que   me recuerdes  como a ti te gusta;
alegre,  hermosa, y muy distante,  como cuando "estoy callada".




...La mujer de Veinte poemas, está en la distancia, se disuelve en  unas colinas lejanas, es de viento, de humo, es el zumbido de una abeja, abeja blanca, para colmo, y siempre se desplaza, emigra hacia un lugar irreal: "hacia donde el crepúsculo corre borrando estatuas" ...
(Prólogo de Jorge Edwards,  1991)

Purificación.

Pintura: Degas
Imágenes : Internet

Colaboración con el Club de Lectura, de La Acequia, de Pedro Ojeda Escudero.

martes, 7 de enero de 2014

Poema 6

"...La poesía de sus veinte años, sin embargo, con su ingenuidad, con su vacilación, con su "olor a madreselva", con la teatralidad de su "desesperación", sigue siendo interesante. A la vuelta de un poema, de una estrofa, a pesar de la simplicidad de la rima aparecen versos memorables. "Pura heredera del día destruido", escribe el joven lector de Quevedo..."

Jorge Edwards. (1991)










 " Boina gris, voz de pájaro y corazón de casa"




   Poema 6

 "Te recuerdo como eras en el último otoño.
 Eras la boina gris y el corazón en calma.
 En tus ojos peleaban las llamas del crepúsculo.
 Y las hojas caían en el agua de tu alma..."


"...Siento viajar tus ojos  y es distante el otoño: 
 boina gris, voz de pájaro  y corazón de casa
 hacia donde emigraban  mis profundos anhelos 
 y caían mis besos alegres como brasas..."



 "...Los Veinte poemas de amor y una canción desesperada son un libro doloroso  y pastoril que contiene mis más atormentadas pasiones adolescentes, mezcladas con la naturaleza arrolladora del sur de mi patria. Es un libro que amo porque a pesar de su aguda melancolía está presente en él el goce por la existencia. Me ayudaron a escribirlo un río y su desembocadura: el río Imperial. Los "Veinte poemas" son el romance  de Santiago, con  las calles estudiantiles, la universidad y el olor a madreselva del amor compartido."
  
Pablo Neruda. "Confieso que he vivido"

(Es  inevitable para mi tener que consultar los dos libros a la vez, porque uno me llevó al otro, gracias al prólogo que Jorge Edwards, amigo del poeta, hace de "Veinte poemas..." y en el que cuenta muchas de sus vivencias juntos,  haciendo referencia una y otra vez al  libro de sus memorias, "Confieso..."  y al que con rendida admiración me referí en una entrada anterior).

Purificación.
Fotos: Internet, y P. M.

 Colaboración para el Club de Lectura de La Acequia, de Pedro Ojeda Escudero.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Cuento de corral

No es un cuento de Navidad aunque lo pudiera parecer, pero aprovecho para dedicárselo a todos los que me visitan, y desearles con cariño unas   ¡Felices Fiestas!.

No es la primera vez que Benito, que es casi un crío, se levanta temprano para ir a la ciudad. Aproximadamente una vez al mes ha de llevar unos cuantos animales (esta vez dos pollos) para venderlos en el mercado cuando las provisiones familiares empiezan a escasear.
            Y tampoco es la primera vez que obedece la orden de su padre de mala gana. Él se ocupa de los animales, y sucede que se encariña con ellos, en cuanto  les pone nombre.
            -No se puede hablar con alguien todos los días si no tiene nombre, -dice Benito-, aunque tenga plumas.
            “Carol”, una hermosa gallina robusta, pechugona y de patas fuertes señal de ser buena ponedora, y “Roque” un apuesto gallo de gran cresta y bonitas plumas de colores, del marrón oscuro al rojo sangre, y la garganta más clara y ruidosa del gallinero, eran los elegidos esta vez para el sacrificio. Los dos tenían en común sus ojos, unos círculos diminutos como pildoritas brillantes y en constante movimiento, que miran al muchacho con curiosidad y extrañeza al notar el espacio reducido de la jaula donde están desde hace un rato para hacer el viaje.



            Y qué  puede hacer Benito si no lamentarse en silencio, -la vida es así- le decía su padre. De no venderlos,  pensaba, hasta se alegraría… pero sólo a medias.
            Por el camino se preguntaba quién se los compraría y hacía verdaderos esfuerzos para no imaginárselos en el punto final; en una bonita bandeja con muchos adornos comestibles alrededor y untados de pringosas salsas, en el centro de una gran mesa y quién sabe si acompañados de algún que otro animal de su linaje; un pato a la naranja, un cochinillo asado con una manzana en la boca o unas perdices escabechadas del día anterior. Y sentados a la mesa, personas muy elegantes esperando para empezar el festín.
            Los pensamientos le hicieron más corto el camino y sin darse cuenta se plantó en la alegre y ruidosa ciudad. La gente entraba y salía de las tiendas con prisas y se apañaban para no tropezar  con los montones de nieve acumulados en las aceras. En casi todos los escaparates había carteles donde se leía:

            “Se prohíbe vender toda clase de animales de corral. 
            Peligro de contagio por una peste desconocida”.

            Benito se quedó ensimismado mirando el cartel, y hasta que no le llegaron los mocos a la boca  no se dio cuenta de que estaba llorando,  aunque no sabía exactamente por qué.

Purificación.   
(Publicado por primera vez en el blog amigo: TALAVÁN TALAVÁN CUENTA).  
     
Imagen Internet                                                                           

sábado, 14 de diciembre de 2013

Un tesoro, las palabras


Enseguida pensé en la estantería, en la mente ya le tenía completamente ubicado y sólo tuve que alargar la mano  y sacarle del letargo de mucho tiempo. Su aspecto siempre me pareció elegante, encuadernado en color azul oscuro, el título en  dorado y  con letras blancas algo abstractas,  su firma. 
Una buena temporada estuvo en la mesita de noche, al ser una biografía  tenía libertad para no llevar el orden de los capítulos y repetir los pasajes que me gustaban. Era  otro  descubrimiento  para mí vida lectora y me tenía encantada después  que alguien me regaló los "Veinte poemas de amor..."  Empecé a pasar las  hojas  deprisa, escudriñándolas deseosa de encontrar el párrafo, el párrafo sin duda, más conocido de todo el libro y que en su momento me llamó tanto la atención, y... allí estaba la punta doblada de la página 58, que me corroboró que era así, que era la página que leí más de una vez.
La urgencia se debía al tema de la clase del otro día -Historia de América Latina-, cuando el profesor en un momento dado preguntó al aire; y por qué no hablan el maya, o el guaraní, el aymara, el quechua, o cualquier otra de sus lenguas  y se quedaron con el español? Dando a entender que todo no fue tan malo como se ha dicho  y escrito.  ¿Porque se vieron obligados?, pensé yo, -sería lo más creíble-, o que con el tiempo se dieron cuenta   que era más práctico ante  tantas lenguas nativas, poder entenderse todos con una sola. Yo estaba todavía en que que tuvo que ser horrible,  conquista o  descubrimiento,  como se  quiera llamar. Para ellos una invasión sin más. 

Cuatro siglos después yo todavía me consideraba heredera de los invasores y a éllos los  invadidos, hasta que Neruda  se enamoró del lenguaje, de las palabras  que nos fuimos dejando por allí, con la indiferencia  de algo que nos sobra, sin darle la importancia debida. Para él,  la herramienta  perfecta  con que hacer sus filigranas, y perdonarnos a su manera todo lo demás. 
Ahora  la gratitud es doble, por el perdón y por las joyas literarias que de rebote recibimos y entendemos perfectamente.



La palabra
"...Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… Vocablos amados… Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío… Persigo algunas palabras… Son tan hermosas que las quiero poner todas en mi poema… Las agarro al vuelo, cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, vibrantes, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas… Y entonces las revuelvo, las agito, me las bebo, me las zampo, las trituro, las emperejilo, las liberto… Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola… Todo está en la palabra… Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se sentó como una reinita adentro de una frase que no la esperaba y que le obedeció… Tienen sombra, transparencia, peso, plumas, pelos, tienen de todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto transmigrar de patria, de tanto ser raíces… Son antiquísimas y recientísimas… Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada… Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos… Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, butifarras, frijolitos, tabaco negro, oro, maíz, huevos fritos, con aquel apetito voraz que nunca más se ha visto en el mundo… Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías iguales a las que ellos traían en sus grandes bolsas… Por donde pasaban quedaba arrasada la tierra… Pero a los bárbaros se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, de las herraduras, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí resplandecientes… el idioma. Salimos perdiendo… Salimos ganando… Se llevaron el oro y nos dejaron el oro… Se lo llevaron todo y nos dejaron todo… Nos dejaron las palabras".

La palabra”, Confieso que he vivido, Pablo Neruda

(1974) 


Aclaración,  por si fuera necesario:  Aunque no tenga mucha relevancia, es cierto lo que escribí más  arriba.  Y quise utilizarlo como introducción,  aunque en verdad  es la  excusa, que no haría falta,  para traer aquí las maravillosas y conocidas  palabras de 
-Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto-, Pablo Neruda, contenidas en este  interesantísimo libro póstumo de  memorias de su  intensa  y apasionada vida. 

Purificación.