viernes, 7 de noviembre de 2014

Cosas de casas


El pasar del tiempo   cambia las cosas, y nos damos cuenta cuando ya no cambia nada, como los paisajes en que nada florece, ni se amustia, pero esperan pacientes la  revolución de una primavera.


      Empezó a dejar cosas fuera de su sitio, aquí y allá,  en cierto modo creaba la ilusión, de que todo era como antes. Ahora se daba cuenta  que  después de tanto  afán por  ordenarlo todo,  era precisamente el desorden el signo de la vida,  diaria.              Las pocas prendas  que quedaban en los armarios, ya no salían  ni entraban como por arte de magia,  ni se quedaban  tiradas por las sillas, el suelo, o en aquel artilugio que compró para hacer bicicleta sin salir de casa, y que cumplía sin rechistar la misión de multi-perchero, de maravilla. Y la frase de "a ver si ordenas la habitación" tantas veces gritada desde la cocina, y que siempre se quedaba rezagada por el pasillo, ya era un sinsentido.

      No era la primera vez que le pasó por la cabeza, al igual que en ese cuento de Cortázar,  que siempre le inquietó; ir cerrando las habitaciones, como si fuera otra  "Casa tomada". En su propio beneficio pensaba que en el brevísimo relato, raro e intrigante y que Julio, cuenta con maestría, la casa no era tomada por seres extraños, sino dejada por los dos protagonistas,  y  poco a poco arrinconarse para disimular mejor la  soledad. Pero no se rendiría, si no llegaba,  ella misma haría la revolución.


  Purificación.



La masía, Joan Miró

miércoles, 1 de octubre de 2014

Charlas de media tarde

No es la primera vez, ni será la última, que tengo una conversación por teléfono con una amiga con la que puedo hablar de casi todo. 
No es muy a menudo y por eso cuando sucede, la llamada  suele durar más de una  hora. Nos enrollamos con cualquier tema, no nos importa mezclar "churras" con "merinas",  y  después de tocar todos los habituales o sea los domésticos, así, como por inercia,  fijo que siempre terminamos hablando de escritura, y del último libro que hemos leído,  y que nos llamó mucho la atención. Ella,  me habló de un librito de Vargas Llosa, "Cartas a  un joven novelista" y  recordó que a mí me gustan  las cartas, el género epistolar, que se dice, y me explicó un poco por encima algunos detalles de él. Lo buscaré.  Qué casualidad, le dije;  uno de los  últimos libros que leí, antes del verano y me entrara la vagancia crónica que todavía me dura,  y me enganchó, bueno  más exactamente que me costó olvidar, cuando un libro me atrapa me cuesta salir de él, "La sociedad  literaria y el pastel  de piel de patata de Guernsey" de Mary Ann Shaffer, -si ya sé, el título ya se las trae, pero está justificadísimo, te lo aseguro-. Se lo cuento a grandes rasgos para crearle curiosidad... -verás; la autora construye una novela a través de cartas que se cruzan una periodista y numerosos habitantes de la pequeña isla inglesa (Guernsey) que vivieron  la ocupación alemana durante la II Guerra Mundial, y gracias a La sociedad... se reunían para hablar de libros y  otros tejemanejes. Maravilloso libro tienes que leerlo. Me entusiasmo tanto que no caigo, que a la que le gustan  las cartas es a mí.
 Se me olvidó decirle una tontada que había leído en  el Fb; que el 15 de noviembre, es el -día mundial de limpiar la nevera, y de "ME GUSTA ESCRIBIR".  Me llamó la atención por lo segundo, lo primero se da por hecho, aunque si las neveras hablaran... Nos hubiéramos reído. 
Y hasta cualquier otro día,   que tampoco quedaremos  para tomar un café. 
                             
Parau Api     (Paul Gauguin)

En otros tiempos seguramente la amistad se habría trenzado a través de cartas más o menos así:
    Querida Kety; qué es de tu vida, hace mucho que no hablamos, ... 

Gracias a  todos los que pasáis por aquí, aunque no tenga entradas nuevas. Pero sigo visitando a los  amigos. Hay temporadas así, qué le vamos a hacer. 

viernes, 1 de agosto de 2014

Vivir, morir, en vacaciones


Termina el mes de julio de este verano  raro, tardío, dice la gente, porque nunca se acuerda del anterior. Julio y agosto, los típicos de las vacaciones  se aprovechan para cambiar de aires lejos o cerca, dependiendo de la economía de cada uno.
Parece que decir vacaciones es equivalente a vida maravillosa, a parar, a quedar en suspenso, a dedicarle tiempo a otras cosas que no son las de siempre. Pero no es verdad, el tiempo sigue y los humanos repetimos una y otra vez, las mismas acciones, las buenas, las malas y para  no variar también los mismos errores, los grandes errores de los grandes planes a ejecutar, que son las guerras. 

 El impacto que nos producen las violentas escenas, sin valorar razones ni poner nombres, a los que las hacen, a los que consienten, a los que las sufren y padecen, y que nosotros  contemplamos con impotencia, angustia y pena. Y  aun  siendo posible la manipulación  de las imágenes y hasta de  la historia, nos preguntamos, para qué,  y por qué. Por qué  es que los perdedores nos parecen siempre los mismos;  niños, ancianos, madres, padres, cuerpos rotos,  casas derrumbánose,   polvo espeso, que después de los estallidos  lo cubre todo. 

Al final  las guerras son las decisiones de unos pocos que repercuten en  muchos,  para defenderse dicen... porque "no hay mejor defensa que un buen ataque". En fin para defenderse. 
Pasajera tristeza para los que miramos de lejos. Para los que lo sufren, una horrorosa  tragedia imposible de imaginar.


 Las vacaciones siguen su curso, y las guerras como parte de la escenografía del mundo, también. Tristezas, sin fecha de caducidad.

Purificación.   
Foto: jl.Cernadas.

viernes, 18 de julio de 2014

Sensaciones urbanas

Al llegar  la noche, la transitada estación de Chamartín, se queda así. Las luces caen sobre las cosas, sólo sobre las cosas.
  No hay prisas, y los pocos que quedan, ya somnolientos, esperan el tren para terminar esa división  repetitiva  del  tiempo, día-noche,   cuando para otros casi, casi, está a punto de empezar. 




Pasillos largos y tan vacíos que  parecen inútiles, cuando sólo descansan y esperan. Dentro de unas horas  todo será totalmente diferente, y la pista de patinaje  limpia  y sin obstáculos de ahora, parecerá un escenario lleno de gente ejecutando  una especie de baile sin música, sin ensayar,    con movimientos rápidos y mecánicos, como si  apenas  pisaran el suelo. La cabezas  altas buscando la clave; un número de vía que case con  el nombre del sitio donde van, y desparecer por  el hueco  indicado lo antes posible. 


Estación de Chamartín,  Madrid, 17 de julio, 12 de la noche. 

Purificación.

Pido excusas por las fotos, hechas con el móvil. Son malas, pero ahí, en varios clic, estaba la sensación urbana,  que las fotos y yo intentamos explicar.

sábado, 28 de junio de 2014

Hay días...

Hay  lecturas que  sugieren  pensamientos.

Estoy leyendo el libro, "Echo al fuego los restos del naufragio", de Pedro Ojeda Escudero, del blog amigo "La Acequia", con fotografías de Javier García Riobó, un librito pequeño y manejable pero  con mucho contenido. Voy despacio mirando  aquí y  allá, y ahora me he parado aquí. 






"Hoy llueve como suele llover  los domingos. Llueve con mansedumbre e insistencia, lavando la cara a la ciudad.

El tiempo es más lento y hay melancolía en cada esquina, que me asalta cuando las doblo en el camino, para recordarme mi biografía, mi soledad y mi conciencia.


Debería llover más, para lavarnos por dentro."    (pág, 39)







Es verdad que los domingos van sin  ritmo fijo, -a su bola, se dice ahora-, y todo lo que sucede es un lento  preparativo para la prisa que ha de  venir.

Hay días... que la piel se vuelve fina y transparente,  y cualquier leve  brisa  le hace estremecer. Y es más  profundo el  hueco  en el estómago, o algo que tenemos por ahí.  
La tristeza y la alegría  pugnando por salir,  una sale y la otra espera, no mucho seguramente lo que las une es tan  fino que  las confunde y a veces  el llorar, es reír. 
Parece que fuera necesario,  que de vez en cuando  haya días... así.

Purificación.
Imagen Internet

jueves, 19 de junio de 2014

De banderas...


Ya pensaba yo que el día iba a ser intenso. No todos los días te abdica el rey,  casi de improviso.
Desdoblé la bandera de España que guardaba desde 2010 en la caja "patriotera",  antes de atarla al balcón la sacudí por si quedaban serpentinas  y confetti, todavía se notaban  las manchas del champán y el olor  de  arrogancia concentrado,  para ir haciendo  ambiente. 
Los chicos de la roja, desconcertados por los cinco regalos del partido anterior, seguían con el desconcierto. ¿Les pesaban los años, los kilos, la falta de hambre, la responsabilidad, el calor, la humedad, la mala uva vengativa de los holandeses, o el  genio y la fuerza  de los chilenos por defender  la roja, la suya. Las cosas tienen su tiempo y la estrellita al lado del corazón se queda sola, por lo menos cuatro años más.  
En fin,  tendré que recoger la bandera  que  ni siquiera le dio tiempo a refrescarse, aunque pensándolo bien, y dadas las circunstancias  la dejaré un día más, y mato dos pájaros de un tiro.  Mañana ( o sea, hoy)  me planto la pamela  amarilla con  el  enorme lazo   morado, que guardo  en la misma caja, (ellas, también saben convivir)  para seguir haciendo ambiente, y me sentaré otra vez en el sofá para ver el otro espectáculo pendiente. Complemento arriba, complemento abajo, hay que ser testigo del tiempo que nos toca vivir lo más acorde posible con la ocasión. Ya, pues eso. 

Purificación.
Imagen Internet.